La inteligencia artificial y las grandes revoluciones tecnológicas

Desde la máquina de vapor hasta Internet, las grandes Tecnologías de Propósito General (GPT, por sus siglas en inglés) han seguido un patrón sorprendentemente parecido. Primero llega el entusiasmo. Después una enorme inversión en infraestructuras. Más tarde, una corrección financiera que elimina a muchos de los actores del mercado. Y finalmente, cuando todo parece haberse calmado, comienza la verdadera transformación de la economía.

La pregunta es inevitable.

¿Seguirá la inteligencia artificial ese mismo camino?

Muchos analistas creen que sí, aunque con una diferencia que puede cambiar completamente la naturaleza de esa corrección.

La historia suele repetirse

Los ferrocarriles transformaron el transporte, pero antes provocaron una enorme burbuja especulativa.

La electricidad revolucionó la industria, aunque pasaron décadas hasta que las fábricas aprendieron a reorganizarse para aprovecharla.

Internet vivió la famosa burbuja de las puntocom. Miles de empresas desaparecieron, pero la red siguió creciendo hasta convertirse en la base de la economía digital actual.

En todos estos casos ocurrió algo parecido: el dinero llegó antes que la demanda real.

Los inversores financiaron infraestructuras pensando en un crecimiento extraordinario. Cuando ese crecimiento tardó más de lo esperado, los mercados corrigieron las valoraciones. Sin embargo, la tecnología sobrevivió y terminó cambiando el mundo.

La inteligencia artificial parece encontrarse hoy en esa misma fase de instalación.

Pero la IA tiene una diferencia importante

Existe, sin embargo, una diferencia que puede hacer que esta corrección sea distinta de todas las anteriores.

Cuando estalló la burbuja de Internet en el año 2000, gran parte del dinero se había invertido en desplegar kilómetros de fibra óptica, centros de comunicaciones y redes que seguían siendo perfectamente útiles años después.

Aquella infraestructura permaneció disponible durante décadas.

Netflix, YouTube o el cloud computing pudieron crecer gracias a una red construida muchos años antes.

La infraestructura sobrevivió a la burbuja.

Con la inteligencia artificial ocurre algo diferente.

La mayor parte de la inversión actual no se destina únicamente a edificios o centros de datos, sino a procesadores especializados cuyo valor económico disminuye muy deprisa.

Una GPU de última generación puede seguir funcionando dentro de cinco años, pero probablemente ya no será competitiva para entrenar los modelos más avanzados.

Eso cambia completamente las reglas del juego.

¿Cómo podría producirse una corrección?

Imaginemos un escenario perfectamente posible dentro de unos años.

La inteligencia artificial continúa creciendo.

Cada vez más empresas la utilizan.

Los agentes inteligentes se multiplican.

La automatización sigue avanzando.

Pero al mismo tiempo los mercados financieros comienzan a preguntarse algo muy sencillo:

¿Todas las empresas relacionadas con la IA están generando realmente beneficios?

Es posible que la respuesta sea negativa para muchas de ellas.

En ese momento los inversores dejarían de financiar cualquier proyecto simplemente por llevar la etiqueta «IA» y empezarían a concentrar su capital únicamente en las compañías más sólidas.

No sería una crisis tecnológica.

Sería una crisis financiera.

El dinero dejaría de crecer más rápido que la demanda

Durante los últimos años la inversión ha crecido incluso más deprisa que el propio uso de la inteligencia artificial.

Si esa financiación comenzara a moderarse, muchas empresas cancelarían o retrasarían la compra de nuevos aceleradores, servidores y centros de datos.

Los grandes fabricantes habrían preparado su producción esperando un crecimiento extraordinario.

Pero el mercado ya no necesitaría tantas unidades como se había previsto.

No sería necesario que la demanda cayera.

Bastaría con que creciera bastante menos de lo esperado.

Ese pequeño cambio podría provocar un exceso de oferta de hardware, presión sobre los precios y una corrección importante en toda la cadena de suministro.

Los fabricantes de memorias, los integradores de servidores, las empresas de alquiler de GPUs y muchas compañías altamente especializadas podrían verse afectadas aunque la inteligencia artificial siguiera utilizándose cada vez más.

La IA podría seguir creciendo durante toda la corrección

Este es probablemente el aspecto más interesante de este escenario.

La corrección no implicaría que la inteligencia artificial dejara de avanzar.

Todo lo contrario.

Podría haber más usuarios, más agentes, más robots y más automatización que nunca.

Lo que cambiaría sería la percepción de los mercados financieros.

Las valoraciones bajarían.

Los proyectos menos rentables desaparecerían.

Las empresas más endeudadas tendrían dificultades para financiarse.

Y los grandes actores aprovecharían esa situación para consolidar todavía más su posición.

La tecnología seguiría creciendo mientras el capital selecciona a los supervivientes.

Después llegaría el verdadero despliegue

La historia demuestra que las grandes revoluciones tecnológicas no alcanzan su impacto económico cuando aparece la tecnología, sino cuando las organizaciones aprenden a reorganizarse alrededor de ella.

Con la electricidad no bastó con sustituir una máquina de vapor por un motor eléctrico.

Hubo que rediseñar completamente las fábricas.

Con la inteligencia artificial probablemente ocurra algo parecido.

Muchas empresas todavía están incorporando asistentes de IA sobre procesos antiguos.

La verdadera revolución llegará cuando esos procesos se rediseñen desde el principio pensando en agentes inteligentes capaces de colaborar entre sí.

Ese cambio llevará tiempo.

Y probablemente será mucho más importante que la evolución de los propios modelos.

Mi opinión

Creo que el mayor error sería interpretar una posible corrección financiera como un fracaso de la inteligencia artificial.

La historia de las Tecnologías de Propósito General demuestra justamente lo contrario.

Las fases de euforia y sobreinversión forman parte del proceso mediante el cual una tecnología termina transformando la economía.

La diferencia es que, esta vez, la infraestructura principal no son kilómetros de fibra óptica capaces de prestar servicio durante décadas, sino hardware cuya vida económica es mucho más corta.

Precisamente por eso, si la financiación se ralentiza durante unos años, la corrección podría ser más rápida y afectar sobre todo a la cadena industrial que fabrica esa infraestructura.

No sería el final de la inteligencia artificial.

Podría ser, simplemente, el paso necesario antes de que la tecnología entre en su verdadera fase de madurez y despliegue económico.

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